jueves 9 de julio de 2009

El Marqués de la Paniega. Un aristócrata consagrado al arte


El Marqués de la Paniega fue uno de los grandes impulsores del mundo cultural en Málaga, pero su nombre ha quedado en el olvido. Un libro rescata su figura.


Fue abogado, empresario, diputado, senador e incluso alcalde de Málaga. Y no sólo eso, sino que también fue el primer presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo. Al frente de la institución se mantuvo desde su creación, en 1850, hasta su muerte, en 1901. Además, era marqués, concretamente de la Paniega. Sin embargo, ha quedado enterrada en el olvido durante muchos años. Hasta ahora. La profesora de Historia del Arte de la Universidad de Málaga (UMA) Eva María Ramos ha querido reivindicar su figura en el libro 'El Marqués de la Paniega. Aristocracia, sociedad y mentalidad en la España del siglo XIX', que se presentó en la Feria del Libro de Málaga.


Coeditada por el Servicio de Publicaciones de la UMA y la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, la obra se adentra tanto en en las actividades políticas y económicas como en la vida familiar, en el patrimonio y en las diversas vicisitudes que atravesó José Freüller Alcalá-Galiano, que tomó como herencia el título de Marqués de la Paniega. «Era una deuda que teníamos los malagueños con este hombre que se entregó a la ciudad para impulsar las Bellas Artes y ayudar a los artistas, pero también muy preocupado por la conservación y la protección del patrimonio monumental de Málaga», asegura Ramos.


Es más, entiende la profesora que, en realidad, todas las obras artísticas del siglo XIX «se deben a él». Como añade la autora, él mismo cultivó su afición por la pintura. Aunque también fue alcalde de Málaga, político y hasta empresario, ya que se dedicó durante una etapa de su vida a la exportación de vino y pasas.


Tuvo muchas inquietudes, pero también le ayudó el hecho de venir de la alta burguesía malagueña, de la que heredó su título aristocrático. De todo ello habla Eva María Ramos en su libro, donde aborda tanto la faceta pública como la privada del Marqués de la Paniega. Porque su vida también es una caja de sorpresas. Empezando por su parentesco con el escritor cordobés Juan Valera, su hermanastro.


«Eso abrió mucho el camino a la hora de establecer su contexto familiar», recuerda la profesora de la UMA, que ha investigado tanto la correspondencia entre los familiares y los archivos digitalizados de periódicos e instituciones, como los numerosos estudios que existen sobre Valera. Porque en lo que respecta al propio José Freüller Alcalá-Galiano hay poco escrito.


«Aunque es un personaje de gran interés y que representa mucho para la ciudad, apenas existen artículos u otros trabajos sobre él; simplemente las referencias que se incluyen dentro de las obras de la Academia de San Telmo», lamenta Ramos, gran conocedora de la burguesía malagueña del siglo XIX, en la que ha ahondado anteriormente con estudios sobre la marquesa de Casa-Loring, la familia Heredia o las duquesas de Parcent.


Contexto histórico


De hecho, la autora sitúa al personaje en el contexto histórico, con un retrato de la época tanto a nivel local como nacional. La España de Isabel II, donde había numerosas familias aristocráticas económicamente venidas a menos. Y eso -comenta la profesora- también lo vivió de cerca el Marqués de la Paniega, cuya madre buscó esposa para Valera entre los apellidos mejor acomodados.


En Málaga, fue una época de altibajos. Se vivieron años prósperos, pero a ellos siguieron una etapa de crisis que se dejó sentir especialmente entre los jornaleros.


La Obra

Título: 'El Marqués de la Paniega. Aristocracia, sociedad y mentalidad en la España del siglo XIX'.

Autora: Eva María Ramos, profesora de Historia del Arte de la Universidad de Málaga (UMA).

Edición: Coeditado por la Universidad de Málaga y la Real Academia de San Telmo.

Contenido: Trayectoria y contexto familiar del Marqués de la Paniega, abogado y político malagueño que fundó la Real Academia de Bellas Artes y fue alcalde de la ciudad.


Diario Sur, 09/05/2009

martes 7 de julio de 2009

Una guía para conocer mejor las leyes medioambientales


Un agente del Seprona edita un libro en el que por primera vez se incluye toda la información legal en la materia.

El medio ambiente es en muchas ocasiones ese cajón desastre en el que tienen cabida todas aquellas materias que no se sabe muy bien dónde ubicar. La legislación en algunos casos es relativamente nueva y en otros está sometida tantos cambios que a veces hasta los propios profesionales tienen dudas sobre su aplicación. Por primera vez una guía recoge toda esta información, además de los protocolos que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado siguen por ejemplo en una intervención de pescado inmaduro o en una inspección de venta ilegal de productos fitosanitarios.

Y para eso nadie mejor que uno de los agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil más veteranos que lleva más de 19 años al frente de estos temas y que ha decidido recopilar en esta guía policial todo el saber que acumula por su experiencia.

De momento ha tenido una gran aceptación. Ignacio Carrasco ha conseguido vender en tan sólo una semana más de 300 ejemplares de este libro, editado por la Diputación Provincial de Málaga y que no sólo está pensado para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Veterinarios, agentes forestales, inspectores de pesca o abogados.

No existe nada igual en el mercado y, según su autor, "es una herramienta muy válida para cualquier profesional que se precie porque la legislación en esta materia es muy diversificada y a veces incluso los propios especialistas se pierden".

La guía está dividida en 41 temas tan variados como ruido, contaminación lumínica, explosivos, venta ambulante, caza, calidad de las aguas, ordenación del territorio, patrimonio histórico, derechos del consumidor o animales de compañía, entre otros muchos. En este último caso, por ejemplo, la legislación varía según la comunidad autonóma y mientras que un ciudadano que viva en la provincia de Murcia puede utilizar una correa no extensible de hasta dos metros para sacar a pasear a un perro considerado peligroso, otra persona que viva en Almería no podría hacerlo con una de más de un metro.

Pero también se puede encontrar información sobre los procedimientos que se siguen en cada caso. Lo mejor es que a través de la página web www.guiapolicial.es la actualización de estas leyes es inmediata. Muchos ayuntamientos, academias y profesionales ya han adquirido esta guía que permite conocer mejor el medio ambiente.


Málaga Hoy, 07/05/2009


domingo 5 de julio de 2009

Hallan en el Teatro piletas de un ´polígono industrial´ romano


Descubren una factoría de salazones de pescado en Alcazabilla. El proyecto para urbanizar la calle definirá la forma de las visitas.


El esplendor industrial que vivió Málaga en los siglos de ocupación romana es un fenómeno que ha sido respaldado por las numerosas excavaciones realizadas en los últimos años en el centro de la ciudad, que han reforzado las hipótesis de los textos clásicos que recogían esta riqueza económica derivada de la producción de salazones de pescados.


Pero lo que nadie se esperaba es que a los pies del Teatro Romano, en plena calle Alcazabilla, la arqueología iba a sacar a la luz un claro ejemplo de la producción de la popular salsa de pescado, garum, que se distribuía por todo el Mediterráneo y Roma, la capital del Imperio. El descubrimiento reafirma la idea de que esta zona del centro urbano, que se extendería desde el edificio del Rectorado, la Alcazaba, el Teatro Romano, el Museo Picasso, hasta la Catedral, fue desde finales del siglo III a finales del IV una especie de ´polígono industrial´ para la elaboración de los salazones de pescado, formado por factorías de piletas y viviendas de propietarios y esclavos.

"Cuando el Teatro pierde su papel de adoctrinamiento y culto, se deja de utilizar y la zona se convierte en un gran complejo industrial", explican los arqueólogos.


En la excavación, realizada a través del convenio entre la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Málaga, se descubrió por sorpresa una pileta de salazón en un buen estado de conservación.
La importancia y el interés que despertó el hallazgo hizo que el equipo arqueológico, formado por Manuel Corrales, Carmen Peral, Luis Efrén Fernández, Ana Arcas e Itziar Merino, decidiera profundizar en su investigación ampliando la extensión de las catas arqueológicas.


Y el secreto se desveló a cuatro metros de profundidad. Apareció una factoría de salazones en buen estado de conservación, compuesta por un total de siete piletas de distintas dimensiones y formas. La estructura, adaptada a la topografía del terreno, está alojada en un muro perimetral bajo, que soportaba una especie de cubierta de cerámica de tégula imbrices, posiblemente a dos aguas. El conjunto arqueológico se completa con la aparición de un muro intermedio de separación entre varias piletas, un escalón adaptado al terreno y las bases de los pilares de apoyo del techo.


El gran valor histórico de los restos descubiertos ha motivado la decisión de recuperar y la puesta en valor de este complejo industrial, que podrá ser visitado por el público. En este sentido, apuntan que ahora se va a trabajar de una forma coordinada entre la Junta, el Ayuntamiento y los redactores del proyecto de ordenación urbana de la calle Alcazabilla para estudiar la forma de su puesta en valor, porque en un principio, Urbanismo preveía pavimentar todo el ancho de la vía.


Vestigios. Este conjunto arqueológico se podrá visitar bien desde abajo, accediendo desde el propio Teatro Romano o contemplarlo desde la misma calle, lo que supondría dejar los vestigios totalmente al descubierto.


Además de la puesta en valor, la empresa Chapitel se encarga de la restauración de las piletas. El proceso de recuperación se divide en varias fases, desde la limpieza y el relleno de las lagunas con capas de mortero, hasta la consolidación de las zonas desprendidas.


El descubrimiento de cientos de kilos de pescado, ocultos por los restos de las tejas de la techumbre que se desplomaron sobre una de las piletas, ha permitido datar los restos con más precisión y conocer las especies marinas que se utilizaban para los salazones, como atún rojo, sardina, boquerón, jurel, liza y brótola de roca, que se han detectado en las diversas analíticas.


La Opinión de Málaga, 08/05/2009


jueves 25 de junio de 2009

San Eugenio, la colonia de Guerrero Strachan

En la Trinidad todavía se encuentran restos de la preciosa Colonia de San Eugenio, un proyecto de 1918 firmado por Guerrero Strachan que fue impulsado por el promotor Eugenio García Serrano.

Una de las colonias obreras menos conocidas de Málaga, salvo por los vecinos de la Trinidad, es la Colonia de San Eugenio, impulsada desde 1889 hasta 1930 por Eugenio García Serrano, propietario de los terrenos, que ofrecía el solar y los materiales para que los vecinos levantaran sus casas, pagando un alquiler mensual, según explican María Inmaculada Hurtado y Antonio Jesús Santana, en un trabajo publicado en la revista ´Isla de Arriarán´.


La colonia, habitada en los orígenes por jornaleros y trabajadores de la fábrica Salyt y los tejares de Monte Pavero, era un verdadero barrio ´autosuficiente´, con panadería, barbería, taberna, colegio guardería y carbonería que también funcionaba como tienda de comestibles. Los diseños de las viviendas son obra del famoso arquitecto Fernando Guerrero Strachan, de 1918, según consta en la escritura de propiedad de las viviendas, de 1929.


El carácter de núcleo cerrado se reforzaba con una serie de arcos que delimitaba la colonia, dos de ellos con puertas. En la actualidad sólo permanece uno de ellos, con restos de madera en lo alto, en la calle principal.


Esta calle principal, en la actualidad Pacheco Maldonado, llevaba el nombre del dueño, Eugenio García Serrano, que puso el nombre de familiares a todas las calles de esta colonia, en forma de cruz. Él mismo vivía en la actual calle Pajaritos, en una enorme casa llamada la ´casa grande´ por los vecinos. "Tenía árboles frutales", recuerda Francisco Jiménez ´Paky´, cuyo abuelo llevaba la panadería de la colonia, un negocio que todavía continúa aunque desplazado a otra calle próxima.


Juana González, que lleva viviendo 46 años en San Eugenio, recuerda el empedrado que tenían las calles y las cruces de mayo que se celebraban junto al arco de su calle, Pacheco Maldonado. "Una vez ganamos un concurso de cruces de mayo y el alcalde fue a darnos un premio, pero los vecinos le pidieron que asfaltara la calle", recuerda.


Uno de los detalles más curiosos de la Colonia de San Eugenio son los paneles de cerámica con las normas vecinales. El más grande de ellos iba a desaparecer por las obras en un edificio, pero al final pudo ser salvado. Los vecinos están a la espera de que se reponga cuanto antes en la colonia. En ese gran panel podía leerse, entre otras cosas, que los habitantes de San Eugenio podrán criar "gallinas, conejos y cabras, siempre que estos animales tengan sus respectivas viviendas, nunca en la vía pública, quedando prohibido tener cerdos".


Otra disposición destacaba que "la mejor prueba de cultura que pueda darse en la Colonia es la buena armonía entre los vecinos, quedando prohibido promover escándalos".


Todavía quedan dos mosaicos ´normativos´ escoltando al arco superviviente. Uno de ellos establece multas de una a cinco pesetas por arrojar basura a la calle, precisando que la sanción se aplicará "a fines benéficos".


A la muerte de Eugenio García Serrano, la Colonia pasa a ser propiedad de las Hermanitas de los Pobres, que venden la casa a Trinidad Lara y en 1950 esta propietaria vende las casas a los inquilinos.


A pesar de que las viviendas fueron diseñadas por Guerrero Strachan, no cuentan con ningún tipo de protección arquitectónica y Urbanismo continúa autorizando la demolición de las casas en las que se emplearon, entre otros materiales, tejas de la Colonia de Santa Inés. Un pedazo muy poco conocido de la historia del Urbanismo y del pasado obrero de nuestra ciudad.

Alfonso Vázquez, La Opinión de Málaga, 28/12/2008


martes 16 de junio de 2009

Las zonas verdes de Gibralfaro, expropiadas por 15 millones


El Ayuntamiento abona la cantidad pero la recurre, al estimar su coste en 3,5 millones. Los propietarios exigieron cantidades que superan los 75 millones.


El Ayuntamiento de Málaga decidió hace año y medio recuperar media docena de zonas verdes enclavadas en el entorno de los montes Gibralfaro y Sancha, para impedir que sus propietarios construyesen y preservar así su paisaje. La Gerencia de Urbanismo realizó una valoración para la expropiación de esas parcelas que sumaba algo más de 3,5 millones de euros.


Por contra, los propietarios de estas parcelas, entre los que se encuentran el presidente de la promotora Aifos, Jesús Ruiz Casado, han exigido un pago bastante más elevado por sus propiedades. En total, la suma de lo que pedían cada uno de los propietarios supera los 75 millones de euros. La Comisión Provincial de Valoraciones, el órgano administrativo encargado de dictar el precio de las expropiaciones, fijó unas cantidades para cada una de estas parcelas que en total suman 15,4 millones de euros.

El PSOE, disconforme. Aunque la cantidad total está muy lejos de lo que reclaman los propietarios, el Ayuntamiento la sigue considerando excesiva, por lo que finalmente ha recurrido dichas tasaciones al tribunal de lo contencioso administrativo.


No obstante, mientras la justicia dilucida, lo que tardará varios años, el Ayuntamiento tiene que ingresar el dinero en la caja general de depósitos a disposición del expropiado.

La decisión para realizar estos ingresos se tomará en la reunión del consejo de la Gerencia de Urbanismo de mañana jueves.


Tampoco está conforme el grupo socialista, que lamenta que la "mala gestión" del PP "haga pagar a los malagueños casi 15 millones de euros por la adquisición de estas parcelas en Gibralfaro. Su portavoz, Rafael Fuentes, afirma que "la dejadez manifiesta" del alcalde ha contribuido "a generar movimientos especulativos que ahora van a tener que pagar los malagueños".


La Opinión de Málaga, 06/05/2009